La melodía.

Resultado de imagen de melodía imagenesChicos, esto es una propuesta de actividad para compartir entre todos, en el que le demos un poco de vida a la creatividad y al trabajo en grupo, con curiosidad hacia el producto final al que daremos vida, así que trata de comenzar una historia y poco a poco iremos pasando el turno de unos a otros hasta que al final hayamos puesto nuestro granito de arena, hayamos dejado nuestra huella y hayamos creado algo que nos pertenezca personalmente y comunitariamente.
Empezamos:

Había una vez (clásico comienzo, cómo no) una canción, una melodía que sonaba todas las mañanas de mis últimos años de vida. Esta era una melodía melancólica, llena de recuerdos, repleta de seguridad, tanto en mi, en quienes la hacían sonar, como en la seguridad hacia el momento presente y el porvenir. Repleta también de inseguridades en el presente, en la eterna duda, una melodía cargada de miedos a la siguiente nota de piano que sonaría. Era, pues, la melodía que me acompañó durante mucho tiempo, tanto que,, llegado el momento en que dejó de sonar, mi vida cambió por completo. ¿Y qué supuso esto? (RyM)

Tan tortuoso fue el momento que no sabría ponerle adjetivos para descubrir tal abrumadora situación. Los pájaros dejaron de cantar, las nubes envolvieron el cielo creando una tenebrosa penumbra en el precioso bosque que rodeaba la casa de María, la chica que junto a su hermano cesaron de bailar. Petrificadas quedaron también las gélidas gotas que corrían por sus mejillas y descargaban en aquel silenciosoResultado de imagen de libertad invierno de su ser. Aquellas gotas que colmaban el riachuelo que en otros tiempos fluía en libertad. (CYM)

Por un momento pensé que el tiempo se había detenido, que el movimiento de nuestro planeta había cesado, que todo había quedado paralizado, pero no, me equivocaba. Abrí los ojos y descubrí que esa canción me había estado transmitiendo miedo e inseguridad durante todos estos años, que me había hecho vivir en la penumbra y la infelicidad. (IGP)

Detestaba esa situación, pero me sentía paralizada, incapaz de moverme. Estaba rodeada de silencio, sentía cómo un vacío oscuro y frío se expandía por mi pecho llegando hasta las extremidades. ¿Estaría condenada a vivir así toda mi vida? De pronto noté algo, algo cambió. Sí, así fue, a través de la ventana entreabierta de mi habitación empezaron a sonar otras notas musicales diferentes, nuevas, únicas. El mismo  instrumento, un piano, pero ahora me hizo reaccionar. Noté algo que nunca había notado antes, que nunca había vivido, y era como si ese frío que me mantenía congelada empezara a derretirse, lenta pero suavemente… (LAS)Resultado de imagen de armonia

Los primeros días esas notas tuvieron pequeñas repercusiones en mis emociones y pensamientos, pero mis conductas y hechos aun no cambiaban. Empecé a pensar que algo podía hacer, pero no sabía el qué, lo que suponía un sentimiento de culpabilidad y responsabilidad que no sabía gestionar. Hasta que confié en una mano que siempre había estado ahí (aunque no me había dignado a utilizarla, pasaba de ella) y di mi primer nuevo paso de baile (que no habría podido dar sin mis anteriores experiencias). El primer sentimiento fue fatal aunque todo el mundo me lo reconociese. (N.B)

No aguantaba más con mi melodía vital, quería romper con ella, quería acabar con esas notas que rondaban por mi cabeza, quería transformarla, pero no sabía por qué tenía tan adentro la sinfonía que no tenía ninguna idea de cómo arrancarla o cambiarla, por eso se me ocurrió ir a visitar a la tía de una de mis mejores amigas, Emma, y esta, que era psicóloga y además, tiraba las cartas, hacía tarot, me predijo mi futuro, y este predecía ser radiante, estaba lleno de sorpresas, de momento impredecibles, pero la gran mayoría buenas, o eso creía yo. (EMGM)

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Lo último que me dijo aquella buena mujer siempre lo recordaré: “No importa lo que yo o cualquier persona veamos en ti, no importa lo que pueda preveer o lo que el mundo pueda esperar de ti, sólo tú eres la responsable de lo que quieras hacer con tu vida. ¿Quieres vivir atemorizada pensando que no estás a la altura de nadie, que no eres capaz de conseguir aquello que más deseas? O, por el contrario ¿ansías luchar y enfrentarte al miedo para alcanzar tus sueños? Vivir y sufrir van de la mano, pequeña.”

A partir de entonces llegué a una conclusión, la cual podrá sonar muy simple, pero que me ha costado mares y horrores: Da igual que no posea talento para bailar o cantar, que haga el ridículo por ser una patosa, solo importa que disfrute aprendiendo y cayendo, creando pasos nuevos y bailando con los demás, hacer lo que más me gusta es lo que me llena y me da vida y fuerza para seguir adelante. Fue así como decidí apuntarme a clases. Resultado de imagen de siembra armonia

Poco a poco fui reconociendo e identificando la melodía de mis nuevas clases, era una melodía que yo ya había escuchado en otras ocasiones durante mi vida, corta pero intensa. Al principio pensaba en taparme los oídos y me negaba a escucharla porque me daba tristeza y me ponía tan, pero tan melancólica, y además, iba acompañada de sentimientos enormes de vacío y frustración, de miedos y más inseguridades. Pero de eso trataban las clases, de hacerme consciente de que la melodía estaba ahí, ahora, en este momento, y que debía bailar con ella y no en su contra ni quedarme sentada como si nada. Al final, sabía que ésta algún día dejaría de sonar, y daría paso al sonido del embriagador violín que tanto adoraba, pero ello iba a conllevar un tiempo y un proceso, que no iban a ser tan fáciles como quizá pareciese. Así, tuve claro que esta vez el camino iba a ser diferente por fin, quizá menos fácil, pero con un final claro y totalmente definitivo, me iba a fortalecer aún más y conseguiría que el violín ya nunca dejase de sonar (PDL)

Al encontrarme perdida aun, pero con ganas de seguir hacia delante, empecé a buscar y probar diferentes instrumentos, aun sabiendo que el violín me llenaba bastante, y reconociendo que bastante quizá no llegara a suficiente, a lo que necesitaba realmente. Al principio todo sonaba mal, y me entraba hasta la risa tonta al pensar que estaba haciendo el ridículo, pero empecé a encontrarle el gusto y a pasármelo bien, a aprovechar el tiempo a pesar de todo lo que ocurría por medio. Conocí a gente nueva que también estaba aprendiendo, como yo, que no eran perfectos pero que se esforzaban por seguir adelante y sacar algo nuevo cada día, así, aprendí a compartir con ellos y pasar esos momentos juntos, aprender y crecer los unos con los otros, reír, llorar, gritar, bailar. Cada vez éramos más espontáneos y estábamos más unidos, y poco a poco una nueva melodía fue sonando en mi interior, una melodía llena de complicidad y esperanza, de nuevas actitudes y pasos de baile (Nuri)

Cada vez la melodía sonaba con más fuerza, y eso me daba más esperanza. El miedo iba desapareciendo y las ganas de luchar iban llegando, cuando había estado ya tanto y tanto tiempo pensando que jamás llegaría.

Ahora era alguien nuevo. Ahora era yo, me conocía, crecía, vivía.

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